¿Es posible acostarse
siendo una actriz ganadora del Óscar y despertar convertida en una compositora
obsesiva? La historia de Mary Steenburgen parece el guion de una película de
realismo mágico, pero ocurrió en la vida real, recordándonos que nunca terminamos
de descubrir quiénes somos habitando nuestro propio cuerpo.
El silencio que se llenó de notas
En 2007, Mary entró al
quirófano para una cirugía rutinaria en el brazo. Un procedimiento menor,
anestesia general y la expectativa de volver a casa en unas horas. Sin embargo,
al despertar, el mundo ya no sonaba igual.
Su cerebro se inundó de
música. No eran canciones recordadas ni melodías de la radio; era música
original y constante. Las conversaciones cotidianas se transformaban en ritmos;
los letreros de las calles se convertían en letras de canciones. Lo que para cualquier
neurólogo era una complicación postoperatoria extraña, para ella se convirtió
en una presencia implacable que, al principio, le impedía incluso concentrarse
para actuar.
"Mi cerebro era solo
música", explicó Mary. Durante meses, el fenómeno fue aterrador. Junto a
su esposo, Ted Danson, buscó respuestas en la neurología, encontrando ecos en
los casos de Musicofilia de Oliver Sacks, donde eventos cerebrales traumáticos
desatan una percepción musical extrema.
De la aflicción a la creación
Mary Steenburgen tenía 54
años. Había ganado el Óscar a los 27 por Melvin and Howard y era una de las
actrices más queridas de Hollywood (Back to the Future III, Elf, Step
Brothers). La música nunca había sido parte de su identidad profesional.
Pero ante la imposibilidad de silenciar el ruido en su cabeza, tomó una
decisión valiente: dejar de luchar y empezar a escuchar.
El aprendizaje humilde:
Sin saber tocar instrumentos, se refugió en Martha’s Vineyard para tararear lo
que oía y convertirlo en partituras con ayuda de amigos músicos.
El alter ego: Para evitar
que su fama influyera en la crítica, envió sus primeras 12 canciones bajo el
nombre de Nellie Wall (el apellido de soltera de su madre). Un abogado de la
industria quiso fichar a esa "desconocida" de inmediato.
El salto a Nashville: Se
mudó a la capital del Country para coescribir con jóvenes talentos. Lloró tras
su primera sesión fallida, preguntándose si no era una locura empezar de cero a
su edad. Pero no se detuvo.
El triunfo de "Glasgow"
Once años después de
aquella cirugía, su persistencia dio un fruto inolvidable. Mary coescribió
"Glasgow (No Place Like Home)" para la película Wild Rose. La
canción, interpretada por Jessie Buckley, se convirtió en el alma del filme,
ganando el Critics’ Choice Award y quedando preseleccionada para el Óscar.
Aquella mujer que entró a
un hospital para arreglarse un brazo, terminó sanando una parte de su alma que
ni siquiera sabía que estaba rota o incompleta.
Reflexión: La apertura al cambio
Lo extraordinario de Mary
Steenburgen no es solo el accidente neurológico, sino su capacidad de entrega.
Pudo haber tratado su condición como una enfermedad; prefirió tratarla como una
oportunidad.
La edad es un prejuicio
social, no biológico: A los 54 años, Mary demostró que el capítulo más vibrante
de nuestra vida puede empezar cuando menos lo planeamos.
La curiosidad vence al
miedo: Al decir "sí" a la música que nadie más oía, Mary expandió su
mundo en lugar de cerrarlo.
Hoy, Mary sigue actuando
y componiendo. Su historia nos enseña que el cerebro humano tiene puertas
traseras que a veces se abren por accidente, pero depende de nosotros cruzar el
umbral y empezar a cantar.
Fuente: People ("Mary Steenburgen's Brain 'Became Musical' After a 'Strange' Complication from a Routine Surgery", 14 de noviembre de 2019)




