Los Niños en el Parque

los niños en el parque

En los parques infantiles se demuestra el nivel sociable de cada persona en él, sin importar su edad. Y todo comienza en el respeto y continuidad de la tradición de darles espacio y abrirles las alas a los niños en el parque, para drenar su energía, entiendan el propósito de cada juego e interactúen con otros. 

Cuando un padre lleva a un niño al parque, le permite desestresarse, salir de ese mundo de adultos o de obligaciones que le ayudan a reconectarse con su esencia, entendimiento, ansias de saber y experimentar y tener cosas propias que pueda luego contar.

Ha ocurrido en los predio de las guerras, desastres naturales, recesiones y demás conflictos sociales. Los padres amoroso procuran que los niños en el parque se mantengan siendo ellos mismos, ajenos lo más o mejor posible de la conflictividad adulta, sin bajarles el techo, pero protegiéndolos de que no se rompa en ellos, el gozo, la fantasía, la inocencia.

Alguna vez escuché decir que “los juguetes deben hacer poco, para que los niños imaginen mucho”; y los parques infantiles están estructurados de esa manera. Tal en su nivel de enseñanza de diversas ramas del saber (física, matemáticas, psicología, sociología, educación física, biología, botánica, etc.), que incluso se han hecho parte de los más avanzados y humanistas sistemas educativos, públicos o privados (ejemplo, los Colegios Montessori).

También los padres demuestran quiénes son cuando tienen a los niños en el parque y eso se ata a su nivel cultural y personalidad. Están los preocupados como los desinteresados; los obsesivos como los metódicos; los quepan a que sus hijos sean líderes y estén formando grupos como aquellos que quieren que sus hijos sean los primeros, mandando.

Bien o mal, es un punto urbano, suburbano y rural donde cada quien saca a relucir lo que es y lo que puede ser. A nivel mundial, desde 1886 (que se sepa), los parques infantiles con juegos no mecánicos, sino de tracción o energía humana, han sido el sitio de encuentro de chicos y grandes, una necesidad que cada municipio debe satisfacer.

La nostalgia es también buena parte de los parques, sea en la adolescencia, adultez o senectud. Porque el tobogán, los columpios, la rueda, las barras asimétricas, la campana y la santa maría, además de los célebres sube y baja, crean ese ambiente reflexivo que nos hace contarnos lo bueno de la vida y los fallos que, sea cual sea nuestra edad y posición social, podemos resarcir.

Es de allí que se mantiene el legado de llevar a que jueguen, se ensucien, inventen, incluso tengan disputas y las resuelvan, los niños en el parque, el lugar mas neutral que existe, tanto que siguen formándolos y con sus altas o bajas, generación tras generación asiste a ellos.

Son parte de nuestra cultura urbana y el área de vínculos más sencilla que puede existir, tan cotidiana que se escapa de nuestros ojos, hasta que nos reencontramos ante ellos y sin importar el qué dirán, ¡queremos volver a jugar!

Lcdo. Argenis Serrano - Culturistech 

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