Quizás
estoy equivocado y me meto en un terreno que va más allá de lo que yo
comprendo. Pero además de la calidad, armonía, cohesión y estilo, el canto
coral debe tener alma y ser un foco de interés y energía.
Estamos
en el siglo XXI y debemos agradecer que la juventud se siga sumando al canto
coral venezolano, en agrupaciones con unas voces espectaculares y un repertorio
bien curado.
Por igual,
los coralistas (músicos o musicales, como los clasificaba nuestro director Armando
Linares), con más trayectoria, son personas dignas de grandes
reconocimientos por la constancia y de mantener en pie a sus agrupaciones
iniciales y/u otras emergentes.
Pero,
luego de ver un encuentro nacional de coros en homenaje a la maestra Modesta
Bor, me quedó la duda de cómo los directores están aprovechando al capital
humano a la disposición y sí esas agrupaciones buscan ser una luz, imán, oasis,
refugio para que más y más personas se unan a ellos, ya sea cantando o participando
presencial o virtualmente para que sus voces trasciendan a cada escenario que
pisen.
El repertorio
coral venezolano es de los más ricos y rítmicos de todo el planeta, ya sea en
las composiciones corales, madrigales, fugas, como en las adaptaciones de canciones
de varios géneros, ya sea la música tradicional venezolana, música llanera,
boleros, baladas, salsa, merengue y ritmos regionales (gaitas, parrandas,
tambor, galerón, etc.).
Y ciertamente
que en un homenaje, las voces se centran en las composiciones y/o arreglos de
dicha persona. Pero como escuche de un profesor de la cátedra de interpretación
musical “sí ustedes se sumergen, van a buen puerto; pero no deben dejar al
público al garete, deben ir con ustedes, o sea, que el canto les salve”.
Para
decirlo cruda y rústicamente: El alma de los coros debe transmitirse con formas
y fondos que vendan a las canciones, para que las compre el interés de los
oyentes y aúpen y/o se unan en el canto coral. Queremos que el público nuevo
haga como e que ya es fiel: regrese.
El repertorio
es potestad del director, pero como coralistas debemos solicitarle considere
que sea una épica que demuestre que el instrumento más difícil de ejecutar -la
voz-, ha encontrado en esa agrupación coral u portento que genera la vida de
las canciones. No es que pidamos que lleve los hits de moda a un coro (que se
ha hecho, he visto coros show así); les estamos pidiendo que cada intervención sea
el real disfrute del canto, de estar allí, de alegrar los sentidos de los
oyentes y de que vean maravillados todo lo que un buen guía y un grupo fiel
puede lograr.
Muchos
coros lo han entendido, otros, no. Y eso quizá no se ha corregido porque parece
un tema tabú. Acá repito lo que le escuché a alguien una vez y que más que una
seudo amenaza, es una realidad: “Los coros sin director pueden resurgir, los
directores sin coro, no”.
Hay que
dejar de subirse al escenario cantando de manera trémula para que suene
afinado, por el miedo creado por varios directores, coralistas y músicos mala
hierba que van “con el diapasón en la mano y la lengua afilada”, con ganas de
criticar el trabajo ajeno. Hay que tener identidad y colindar con aquellos que
te ayudarán a mejorar y construir desde fuera.
Pero
no olvidando que el canto coral con alma, proviene desde el grupo, el que
habla, pide, pueden, da su tiempo y dinero (pasaje, ropa, permisos laborales,
etc.), para ayudar a una causa hermosa como es la de la promoción de la cultura
gracias a la armonía vocal.
El dinamismo
e identidad no están pelados con la formalidad y disciplina, ni van en desmedro
de la calidad. Es la forma de que esta etapa, incluso sí uno se tiene que
retirar de ella -como quien suscribe-, siga latente y aportando valor real y
tácito a la existencia.
La música
coral es hermosa; las composiciones y arreglos de Venezuela son de los más
prolijos en el mundo. Hay que darles alma, calos e ímpetu para que trasciendan,
mas ahora que son tan necesarias para combatir tanta mediocridad musical. Es un
deber que asumimos en un coro y que con gusto, defendemos por siempre.
Alma,
corazón y vida, habiten en las voces. Cuando cantamos en coros somos como
cualquier cosa buena en la vida: no competimos, sino que somos muy competentes.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario