El rey de la anarquía animada: Tex Avery y la poética de la exageración

Si Walt Disney enseñó al mundo a soñar con animales estilizados, movimientos gráciles y fábulas morales, Frederick Bean «Tex» Avery (1908-1980) le enseñó a la animación a volverse loca. Mientras el estudio de la tiza y la acuarela refinada buscaba el realismo y la ilusión de la vida orgánica, Tex Avery comprendió la verdad fundamental del dibujo animado: que en un lienzo donde las leyes de la física no existen, la lógica tampoco debería existir.

Avery fue el arquitecto definitivo de la Era Dorada de la animación estadounidense —responsable de modelar y dar espíritu a gigantes como el Pato Lucas, Bugs Bunny, Porky Pig y Elmer Fudd en Warner Bros., y más tarde a Droopy, la Ardilla Loca (Screwy Squirrel) y Red Hot Riding Hood en Metro-Goldwyn-Mayer (MGM)—; consolidándole como todo un filósofo del absurdo, un cirujano del timing cómico y el primer gran deconstructor del lenguaje cinematográfico animado.

tex avery
 

La filosofía del absurdo de Tex Avery: «En animación puedes hacer cualquier cosa»

Antes de Tex Avery, los cortometrajes animaban fábulas; después de él, animaron el caos. Su célebre premisa conceptual era tan simple como revolucionaria: «Sabíamos que si un personaje caía al vacío o atravesaba una pared, no tenía por qué sangrar ni morir; era un dibujo en un papel. Podías hacer cualquier cosa».

El absurdo en la obra de Avery no es producto de la improvisación torpe, sino de una geometría matemática de la sorpresa. En cortos memorables de MGM como King-Size Canary (1947) o Bad Luck Blackie (1949), la lógica interna se retuerce sobre sí misma hasta la paroxismo:

  • Un gato se traga una botella de tónico para crecer, luego un ratón hace lo mismo, seguido por un perro y un canario, hasta que todos terminan midiendo más que el planeta Tierra y saludándose desde los polos.
  • Un gato negro pasa frente a un perro para atraer la mala suerte, provocando que del cielo caigan de la nada un yunque, un piano, un camión de bomberos y, finalmente, un acorazado militar.

Avery convirtió el gags visual en una escalada hiperbólica. No había techo para el disparate: la exageración era el lenguaje primordial.

 

La física de la sorpresa y el timing milimétrico

El secreto del impacto de Tex Avery residía en el control obsesivo del ritmo (timing). Se dice que Avery acudía a la sala de edición y cortaba fotogramas del negativo original a mano si sentía que la reacción a un chiste tardaba un tercio de segundo más de lo debido.

De esta devoción nació la emblemática "reacción exagerada" (wild take), un pilar de la cultura pop:

  • Los ojos que saltan varios metros fuera de las órbitas convertidos en proyectiles o corchos de champán.
  • La mandíbula que cae desquiciada rompiendo el suelo hasta llegar al sótano.
  • El cuerpo que se transforma literalmente en un martillo, una corneta o un cubo de hielo.

Avery eliminó los tiempos muertos. La sorpresa no consistía únicamente en lo que sucedía, sino en la velocidad endiablada con la que irrumpía en la pantalla, descolocando la expectativa del espectador una y otra vez.

 

Entre lo adulto y lo niño: La doble frecuencia del humor

Uno de los aportes más fascinantes de Tex Avery fue haber roto con el prejuicio de que los dibujos animados eran una forma menor de entretenimiento exclusiva para el público infantil. Avery creó un cine de doble lectura, directo, subversivo y descarado.

La mirada infantil

Para los niños, las caricaturas de Avery eran la máxima fantasía de libertad: personajes insubordinados que desafiaban la autoridad, burlaban la muerte, rompían las reglas del mundo real y hacían ruido sin pedir perdón.

 

El guiño adulto

Para los adultos, Avery inyectó sátira social, parodias del cine negro, metacine y un “erotismo cartoon” jamás visto en la época (y que ahora es censurado).

  • El deseo expuesto sin tapujos: En Red Hot Riding Hood (1943), reinventó el cuento de Caperucita Roja ubicándolo en un ruidoso club nocturno de Hollywood. La reacción del Lobo Feroz ante la bailarina —aullando frenéticamente, dándose martillazos en la cabeza y transformándose en una sirena de ambulancia— es una metáfora tan cómica como explícita del deseo y la lujuria urbana.
  • El metahumor y la cuarta pared: Los personajes de Avery sabían que eran dibujos animados. Frecuentemente le hablaban al espectador, señalaban el cartel de los títulos de crédito, borraban la línea del suelo o tropezaban con las bandas negras de la cinta de celuloide (punteros de película que el propio personaje quitaba con la mano).

 

El legado eterno de Tex Avery, todo un visionario

Tras dejar Warner Bros. y su mítica estancia en la MGM, Avery continuó innovando (creando figuras memorables como el pingüino Chilly Willy en el estudio de Walter Lantz y dirigiendo icónicos comerciales de televisión como los inolvidables insectos de Raid). Sin embargo, su mayor legado reside en el ADN de la animación contemporánea.

Sin la irreverencia, la violencia estilizada y el ritmo desbocado de Tex Avery, no existirían:

1. El cine moderno de animación y comedia: Películas como ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (1988) o La Máscara (1994) con Jim Carrey son homenajes explícitos y directos al estilo Avery.

2. La era dorada de la televisión en los noventa: Series como Tiny Toon, Animaniacs, Freakazoid!, El Laboratorio de Dexter, Las Chicas Superpoderosas o Ren y Stimpy heredaron directamente su estructura frenética, su metacine y su absurdo sin concesiones.

3. El Genio de Aladdín (Disney): Cuando Robin Williams dio voz al Genio transformándose a mil por segundo en decenas de objetos y personajes, el director Eric Goldberg estaba ejecutando una clase magistral del estilo puramente averyano.

 

El hombre que nos enseñó a reír del caos

Tex Avery entendió que la animación no debía intentar imitar a la vida real, sino destrozarla para construir sobre sus ruinas algo mucho más dinámico, libre y divertido.

A medio camino entre el ingenio refinado y la travesura anárquica, su legado nos recuerda que la risa más pura nace cuando la lógica se rompe en pedazos y nos atrevemos a mirar el mundo a través del lente del absurdo absoluto. Un genio inmortal que demostró que, dentro de cada adulto, vive un niño deseando ver volar un yunque.

Dato adicional: Disney creó una serie de dibujos animados llamados "El Mundo Loco de Tex Avery", con personajes que él escribió pero no desarrolló, a manera de homenaje y dispensas por no haber colindado con su manera de hacer animación. Uno de ellos era "el vaquero Tex".



Lcdo. Argenis Serrano

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